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En el momento en que empezamos a hacer locuras para sentir que estamos vivos, es que algo falla. Algo está roto o extrañamente descolocado en nuestro interior.
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A veces anulas tu pensamiento y te lanzas con los ojos cerrados a por un chute de adrenalina que te transporte a la cresta de la ola. Uno de esos que te hincha el pecho con un latido acelerado y te ayuda a olvidar que algunos aspectos de tu vida no acaban de ir bien. O, simplemente, van rematadamente mal.
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Entonces pueden pasar dos cosas: que caigas de pie, como los gatos, o de culo, como solemos hacer los seres humanos.
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Espero tener éxito al aterrizar. Deseo poder respirar hondo y que me estallen las venas de las sienes de la emoción. Pero si por algún motivo fracaso, me estrello y no vivo para contar qué se siente en lo más alto de la jodida ola, lo haré en silencio.
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Dame pa' olvidar un sitio menos gris.